En el corazón de la historia: la trayectoria y el alma de Bodega Masos

En un valle soleado entre el centelleante mar Mediterráneo y las cumbres de la Sierra de Aitana, se encuentra una bodega como ninguna otra.
Reportaje escrito por Asia Abadie para la prestigiosa revista internacional Journal des Palaces.

Bodega Masos no es simplemente un viñedo: es un testimonio vivo del poder del respeto, la recuperación y la tradición profundamente arraigada. Situada en el Valle de Guadalest, a las afueras de Benidorm, esta bodega íntima y familiar cuenta una historia de siglos recuperada con pasión.
Si hay una sola palabra que sintetiza la filosofía de Bodega Masos, es respeto: por la tierra, por la historia, por el oficio y por el delicado ecosistema que lo hace todo posible.
Un lugar redescubierto
La ubicación en sí es extraordinaria. Situado a 700 metros sobre el nivel del mar, a solo 10 kilómetros de las playas de Altea, el viñedo se beneficia de un microclima único creado por las montañas circundantes y la proximidad del mar. Los días son cálidos pero no sofocantes; las noches son frescas y húmedas, gracias al ciclo de vientos único que trae humedad hacia el interior por la mañana y la devuelve al mar al atardecer. Este equilibrio otorga a las uvas un carácter distintivo, permitiendo una maduración lenta y equilibrada que muy pocas regiones de Alicante pueden ofrecer.
Aquí es donde Bodega Masos ha decidido echar sus raíces, no solo en sentido literal, sino filosófico. «No estamos aquí solo para hacer vino», explica el director de la propiedad, Javier Velasco. «Estamos aquí para recuperar algo que se había perdido».
Durante casi un siglo, los campos de este valle permanecieron en barbecho. La plaga de la filoxera a principios del siglo XX devastó los viñedos de toda Europa, y esta zona no fue una excepción. Pasaron los años y la tierra descansó en términos agrícolas, como si esperara el momento adecuado para despertar de nuevo.


Del silencio a la sinfonía
Ese momento llegó en 2015, cuando la familia Vidal-Balaguer, vinculada durante siete generaciones a tierras del valle, decidió que era hora de revivir su herencia. El proyecto comenzó con análisis de suelos, la restauración de antiguos bancales y la plantación cuidadosa y deliberada de cepas. En 2018 se reintrodujeron los primeros viñedos. En 2021, Bodega Masos lanzó su primera añada. En 2024, la bodega abrió sus puertas al público.
Sin embargo, no se trata de una ambición a escala industrial. Es un petit château en esencia, produciendo solo 35.000 botellas al año, una cantidad boutique comparada con los cientos de miles de botellas de regiones más comerciales como Rioja o Ribera del Duero. Y ese es precisamente el objetivo.
«No queremos construir una bodega gigante», aclara el director. «Queremos ser el espejo de nuestros campos: una bodega pequeña, trabajando de la misma manera, con el mismo respeto».


Mínima intervención, máximo carácter
El concepto de intervención mínima es más que una frase de moda aquí: es un principio rector. El viñedo, aunque gobernado por una lógica superior de sostenibilidad, evita herbicidas y pesticidas sintéticos. En su lugar, la finca se trabaja minuciosamente a mano, eliminando malas hierbas de forma manual y protegiendo a los insectos beneficiosos mediante la conservación de sus hábitats naturales.
«No construimos hoteles de insectos», bromea Javier con humor. «No lo necesitamos. Todo el ecosistema es el hotel».
La bodega se asienta sobre una finca de más de 350 hectáreas, aunque solo 10,5 hectáreas se dedican al cultivo del viñedo.


Vino que cuenta una historia
Bodega Masos ofrece actualmente cuatro vinos exclusivos: un Chardonnay, un rosado elaborado con Monastrell, y dos ensamblajes tintos llamados Albor y Vidal Balaguer. Y sin embargo, desde estos modestos comienzos, la excelencia ya ha salido a la luz.
En 2024, su vino blanco Mas de la Mona, elaborado con uva Chardonnay, obtuvo una medalla de oro en el prestigioso concurso internacional Chardonnay du Monde. Un logro extraordinario no solo para una bodega joven, sino para cualquier elaborador.
Cada variedad se vendimia por separado, adaptando los tiempos con precisión según la altitud y el microclima de cada parcela. Las uvas cultivadas a 800 metros maduran de forma diferente a las de 500 metros, y el equipo trabaja en consecuencia.
Para los vinos blancos, la fermentación se realiza en barricas de roble francés —al estilo borgoñón—, en piezas de 525 litros, criando el vino durante unos 10 meses. Para los tintos, el enfoque es igualmente matizado. Cada variedad (Monastrell, Cabernet Sauvignon, Syrah, Garnacha Tintorera, Petit Verdot) se vinifica y cría por separado en barricas de diferentes edades, para ser evaluadas y ensambladas en el mes de febrero posterior a la vendimia.
En las salas de crianza, las barricas se tintan ligeramente con vino para distinguirlas visualmente entre las destinadas a tintos y blancos. Incluso la arquitectura de la bodega habla de su historia estratificada: una de las salas, con una ventana antigua utilizada históricamente para el pisado de la uva, data del siglo XIII. En el dintel sobre la puerta de la bodega, el año 1237 figura grabado en la piedra, un recordatorio de lo profundamente arraigada que está la viticultura en el ADN de esta región.



Una familia y un futuro
El equipo de Bodega Masos está profundamente volcado en honrar el legado de la familia Vidal-Balaguer. Se trata de un proyecto de regeneración, no solo del vino, sino de un estilo de vida.
El propio nombre «Masos» es un guiño al pasado. «Mas» significa casa rural o masía; «Masos» es el plural. El objetivo es restaurar con el tiempo Mas de la Mona como casa de huéspedes rural, ofreciendo a los visitantes no solo una cata de sus vinos, sino la vivencia real del estilo de vida del valle.
Es mucho más que enoturismo: es un renacimiento cultural.

Mas de la Mona – Hotel boutique en el corazón del Valle de Guadalest
Próximo a abrir sus puertas como un exclusivo hotel boutique, Mas de la Mona rinde homenaje a la tradición local mientras encarna la arquitectura atemporal de una masía restaurada en el Valle de Guadalest.
Cuidadosamente rehabilitada bajo la mirada de la interiorista Alejandra Pombo, la propiedad combina armónicamente el patrimonio rústico y el diseño contemporáneo a lo largo de 23 alojamientos exclusivos divididos en cuatro categorías: dobles estándar, dobles con piscina privada, suites junior y suites con piscina infinity.
Desde tu habitación —o desde la piscina desbordante— disfrutarás de vistas panorámicas sobre las laderas de viñedos y las aguas turquesas del embalse de Guadalest, en plena comunión con la biodiversidad de la zona. Mas de la Mona está llamado a convertirse en mucho más que un hotel: un santuario donde la cultura, la naturaleza y el lujo convergen en una experiencia mediterránea única.


La esencia de Bodega Masos
Incluso las catas y visitas están concebidas desde la intimidad. En el primer año de apertura al público de la bodega, recibieron solo 3.000 visitantes.
En su esencia, Bodega Masos no trata únicamente de elaborar buen vino: trata de revivir un modo de vida. La bodega, sus viñedos y su pequeño pero apasionado equipo están construyendo algo atemporal.
En un mundo dominado por la producción en masa y la escala comercial, este rincón escondido del Valle de Guadalest nos recuerda que la calidad, el alma y la sostenibilidad no se miden en cifras, sino en cuidado. En patrimonio. En paciencia.
Y, sobre todo, como Javier recordó en varias ocasiones, en respeto. Y a partir de ahí, se está escribiendo un nuevo legado: cosecha a cosecha, botella a botella, historia a historia.

Reportaje publicado originalmente en inglés por la periodista Asia Abadie en Journal des Palaces. Fotografía © Asia Abadie / Journal des Palaces.